En un contexto global marcado por el envejecimiento acelerado de la población, la atención a las necesidades de las personas mayores se convierte en una cuestión de gran relevancia para los sistemas de salud. Más de 3,5 millones de españoles sufren de malnutrición, un problema a menudo invisible que impacta de manera desproporcionada a mujeres y a aquellos que padecen enfermedades crónicas o que experimentan fragilidad y limitaciones sociales. Ante esta realidad, se están formando nuevas alianzas que buscan transformar la forma en que los médicos de Atención Primaria abordan la nutrición, promoviendo un envejecimiento más saludable y sostenible.
Según proyecciones que indican que para 2065 cerca del 29% de la población española será mayor de 65 años, se hace imprescindible desarrollar estrategias innovadoras y eficaces para asegurar la salud y autonomía de esta creciente franja etaria. La coexistencia de patologías crónicas, polifarmacia y problemas sociales convierte a la alimentación en un elemento crucial para el bienestar de los mayores, siendo esencial prevenir la desnutrición y detectar a tiempo cualquier déficit nutricional que podría agravarse si no se trata.
Las consecuencias del déficit nutricional son significativas: afecta no solo la salud física de millones de personas, especialmente mujeres, sino que también aumenta la vulnerabilidad frente a otras enfermedades y puede disminuir la calidad de vida, elevando la dependencia. Sin embargo, esta condición frecuentemente queda sin diagnóstico, debido a la falta de recursos y a la escasa formación de algunos profesionales del ámbito sanitario.
Para responder a esta problemática, la Fundación Alícia y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria han lanzado un curso innovador titulado «Comer bien para envejecer mejor». Este programa fusiona ciencia, cocina y salud de manera práctica, buscando transformar las consultas de Atención Primaria en espacios donde la alimentación sea una herramienta clave para mejorar la salud y autonomía de las personas mayores.
El curso proporciona a los médicos de familia conocimientos actualizados sobre las demandas nutricionales específicas del envejecimiento, así como estrategias culinarias adaptadas a condiciones como la fragilidad o la disfagia. También incluye herramientas de comunicación que facilitan la transición a hábitos alimentarios más saludables y sostenibles en el tiempo.
Con más de dos décadas de experiencia en el ámbito de la medicina culinaria, la Fundación Alícia aporta su amplia trayectoria en la investigación de soluciones prácticas que mejoran la ingesta de alimentos para personas con necesidades específicas. Este enfoque multidisciplinar incluye aportes de nutricionistas, chefs y especialistas diversos que trabajan juntos para desarrollar estrategias personalizadas.
Por su parte, la semFYC, con una red de más de 22.000 profesionales, se encarga de promover la difusión del curso entre sus miembros, convirtiendo a los médicos de atención primaria en aliados en la prevención y detección temprana de déficits nutricionales. Esta estrategia integral coloca la gestión de la alimentación en el centro del proceso clínico, permitiendo a los profesionales realizar intervenciones efectivas a partir de acciones sencillas que pueden tener un impacto significativo en la salud de los mayores.
La colaboración entre la Fundación Alícia y la semFYC resalta la importancia de la alimentación en la atención a los grupos vulnerables, con el objetivo de reducir el impacto de la malnutrición, mejorar la capacidad funcional y prolongar la autonomía, alineándose con los principios del envejecimiento activo. Al hacerlo, se prioriza el abordaje alimentario en la atención sanitaria, donde su detección y tratamiento pueden realizarse de manera oportuna.
En suma, esta iniciativa representa un avance hacia una atención más humanizada y efectiva para las personas mayores. Integrar la medicina culinaria en la práctica clínica diaria promete un envejecimiento más saludable y con menos complicaciones, mejorando la calidad de vida y la independencia de los pacientes. Con el empoderamiento de los profesionales sanitarios mediante nuevas herramientas y conocimientos, están bien posicionados para marcar una diferencia significativa en la vida de sus pacientes.








