Desde sus primeros días moviéndose entre las luces y sombras de la nocturnidad ibicenca como promotor en Pacha, Víctor Sandoval ha navegado a través del cambiante y a menudo implacable mundo del espectáculo español. Su transición hacia la televisión, culminando como una figura icónica en la crónica social de Telemadrid, pintaba el cuadro de un camino profesional lleno de éxito y reconocimiento. No obstante, detrás del brillo de la fama, Sandoval enfrenta hoy una realidad mucho más sombría.
Recientemente, en una conversación profunda y reveladora en el pódcast de Sergi Ferré, Sandoval compartió las luchas personales y profesionales que está viviendo. Un giro en su carrera, caracterizado por la incertidumbre y la desilusión, lo ha llevado a un punto de reflexión sobre lo efímero de la estabilidad y el reconocimiento en la televisión. A pesar de su trayectoria y tener un nombre bien conocido entre los hogares españoles, se encuentra en un punto donde las oportunidades de trabajo no solo son escasas, sino también inadecuadas.
El desencanto de Sandoval no brota de la nada. Su salida abrupta de «No somos nadie», marcada por un desacuerdo con Kiko Matamoros, no solo lo dejó sin trabajo, sino que también puso de manifiesto la precariedad y la falta de consideración ética que puede imperar en el medio. Este incidente no fue un simple contratiempo profesional para Sandoval; fue una muestra de la volatilidad y la falta de seguridad en el terreno que ha sido su hogar durante tanto tiempo.
Afrontando las realidades de un mercado laboral que premia menos la experiencia y más la economía del espectáculo, Sandoval ha tenido que tomar decisiones difíciles. Algunas propuestas, como colaborar en un programa de radio para RNE, resultaron ser inviables cuando sopesó el beneficio económico contra los compromisos requeridos. Esta situación no solo habla de las complicaciones de trabajar como autónomo en el mundo del arte y el espectáculo en España, sino también de la crítica situación financiera en la que muchos artistas se encuentran.
No obstante, Sandoval no ha cedido ante el desaliento. A los 54 años, se encuentra reevaluando su carrera y volviendo a conectar con sus raíces como promotor de eventos, buscando oportunidades que le permitan mantenerse fiel a su pasión por comunicar y entretener, aunque fuera de los reflectores habituales. La adversidad ha afianzado su valor en las amistades verdaderas, esas que permanecen como un faro de esperanza en momentos de incertidumbre.
Víctor Sandoval demuestra una gran fortaleza al optar por rodearse de aquellos que realmente lo valoran, mostrando la importancia de establecer límites saludables en la vida personal y profesional. Se ha vuelto un ejemplo de cómo, frente a las dificultades, se puede reajustar el rumbo sin perder la esencia ni la dignidad.
A través de su historia, Sandoval nos recuerda que detrás de cada rostro familiar de la televisión hay una historia humana compleja, llena de sus propios desafíos y triunfos. Su perseverancia es un testimonio de la resiliencia necesaria para navegar en el tumultuoso mundo del entretenimiento, recordándonos que la búsqueda de un propósito y la autenticidad nunca debe cesar, sin importar las dificultades que la vida nos presente.








