En el corazón del Valle de Alcudia, donde la historia aún respira entre cañadas y veredas, Alamillo se prepara para vivir, los próximos días 17 y 18, la tercera edición de su ya emblemática Feria de la Trashumancia. Un evento que no solo ha sabido consolidarse con éxito en sus anteriores convocatorias, sino que se erige, con paso firme, como una de las citas culturales más auténticas y necesarias del calendario regional.
La trashumancia, ese milenario latido de la tierra que marcó durante siglos el pulso económico, social y cultural de vastas regiones de España, encuentra en Alamillo un espacio de celebración, memoria y reivindicación. No se trata solo de recordar el tránsito estacional de los ganados por las ancestrales cañadas reales, sino de poner en valor un modo de vida que vertebró territorios, sostuvo economías rurales y modeló paisajes y costumbres que hoy forman parte de nuestra identidad colectiva.
Durante siglos, la trashumancia fue mucho más que una práctica ganadera: fue un sistema económico complejo que generó riqueza, articuló mercados y permitió la convivencia armónica entre el ser humano y la naturaleza. Las grandes rutas pecuarias, protegidas históricamente incluso por instituciones como la Mesta, tejieron una red de comunicación viva que conectaba el norte y el sur peninsular, favoreciendo el intercambio cultural y el desarrollo de pueblos como Alamillo, enclavado en una de las zonas de mayor tradición ganadera de Castilla-La Mancha.
La Feria de la Trashumancia de Alamillo no es, por tanto, una simple recreación festiva. Es un acto de justicia histórica. Un homenaje vibrante a los pastores, a las manos que esquilaron, a los pasos que abrieron caminos, a las voces que cantaron al ritmo del ganado en marcha. Talleres tradicionales, demostraciones en vivo, gastronomía ligada al mundo rural y actividades para todas las edades convierten el municipio en un escenario donde pasado y presente dialogan con naturalidad.
Pero, además de su indiscutible valor cultural e histórico, la Feria representa un motor económico de primer orden. El notable incremento de visitantes en ediciones anteriores —llegando a multiplicar la población local— ha supuesto un impulso directo para la hostelería, el comercio y el turismo rural de la comarca. Alamillo se proyecta así como un referente en la recuperación inteligente del patrimonio inmaterial, demostrando que tradición y desarrollo pueden caminar de la mano.
En un tiempo en el que lo rural lucha por no ser olvidado, iniciativas como esta devuelven dignidad, visibilidad y futuro a nuestros pueblos. La Feria de la Trashumancia de Alamillo no solo mira al pasado con orgullo, sino que abre caminos hacia un porvenir en el que la cultura, la historia y la economía local se entrelazan con la misma fuerza con la que, desde hace siglos, lo hacen los rebaños en su eterno viaje.
Porque en Alamillo, estos días, no solo se celebra una feria: se celebra una forma de entender la vida. Y eso, sin duda, es lo que la hace extraordinaria.
Ángel Alcalde
Alcalde de Alamillo







