La última entrega del programa «Batalla de restaurantes» mantuvo a la audiencia pegada a sus asientos, en un final que podría calificarse como el más tenso y dramático de toda la temporada. Supervisados por el chef de renombre Alberto Chicote, los restauradores Carmen González de “Bohemia”, Iván Gallego de “Mellow Grill” y Manuel Gómez de “Koru” protagonizaron un emocionante duelo culinario lleno de pasiones y desencuentros.
Estos tres competidores, quienes ya habían mostrado roces y tensiones en encuentros previos en sus respectivos restaurantes, llevaron la competencia a otro nivel con acusaciones y críticas que iban desde la decoración de sus establecimientos hasta ataques personales. Las provocativas evaluaciones que se dieron entre sí solo sirvieron para avivar la llama de una disputa que venía cocinándose a fuego lento.
La tensión llegó a su máxima expresión en un intercambio particularmente intenso entre los participantes. Iván Gallego, visiblemente afectado por las críticas de sus compañeros, no dejó pasar la oportunidad de devolver con firmeza las acusaciones, calificándolos de maleducados y carentes de respeto. Por otro lado, Carmen González no tardó en confrontar a Manuel Gómez, señalándolo como prepotente y recordándole su historial no tan exitoso en el negocio de la restauración.
En medio de este ambiente cargado, incluso fue necesario que Alberto Chicote interviniera para apaciguar los ánimos en ciertos momentos críticos del programa. La imagen de Chicote intentando mediar entre los competidores se ha convertido ya en un momento icónico que refleja el giro inesperado que tomó el programa en esta última entrega.
El episodio destacó no solo la presión y la competitividad que impera en el sector gastronómico, sino también la pasión y el empeño que cada restaurador invierte en su propio establecimiento. Este enfrentamiento final, marcado por la crudeza de las interacciones, quedará en la memoria de los seguidores del programa como uno de los episodios más reveladores y tensionantes, demostrando que las emociones en el mundo de la gastronomía pueden llegar a hervir con tanta o más intensidad que los mismos platos que estos profesionales elaboran.