Una revelación en la plataforma de redes sociales X ha encendido las alertes sobre la veracidad de las credenciales académicas de personalidades públicas. Paula, una estudiante de la Universidad Complutense, levantó sospechas sobre la autenticidad del título de periodismo que Vito Quiles, conocido por sus posiciones ultraderechistas, asegura tener.
La controversia nació de una confrontación directa en la red, donde Quiles afirmó en respuesta a un comentario del director de eldiario.es: “Yo soy periodista licenciado y tú no”. Paula, tomando el guante y basando su contraargumento en su conocimiento como estudiante de la Universidad Complutense, desafió la validez de esa afirmación con una publicación que negaba la condición de licenciado de Quiles.
La situación se complicó aún más cuando otros usuarios cuestionaron una fotografía de Quiles, mostrándolo con una banda de graduación que llevaba la inscripción “grado de periodismo”. Este elemento añadió más dudas y motivó a investigaciones más profundas sobre la procedencia de sus afirmaciones.
El rol de árbitro en este caso lo asumió la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense a través de su cuenta oficial. Confirmaron de manera elegante, pero firme, que Paula estaba en lo cierto, y que Quiles efectivamente no contaba con un título de periodismo expedido por esta institución, invalidando pública y oficialmente las declaraciones del jefe de prensa de Alvise.
Este incidente destacó la importancia de la honestidad en las afirmaciones públicas y el manejo ético de los títulos académicos. La respuesta precisa de la Universidad Complutense sirvió no solo para confirmar que Quiles no había obtenido dicho grado académico, sino también para enfatizar el papel esencial que tienen las instituciones educativas en la verificación de informaciones y en la salvaguarda de la integridad académica.
La polémica sigue viva en la red social X, donde los usuarios continúan debatiendo sobre las consecuencias de las declaraciones engañosas y su efecto en la credibilidad pública. Este caso ha abierto una discusión más amplia e importante sobre la ética en la comunicación y la responsabilidad inherente a las personas con influencia en la opinión pública. La resolución de esta controversia ha puesto fin a las conjeturas sobre la educación de Quiles, pero ha iniciado un diálogo necesario acerca de los valores en el ejercicio profesional y el impacto de las figuras públicas en la sociedad.