En una intervención reciente en el programa «Las tardes de RNE», la reconocida experta en longevidad Raluca Oancea compartió información valiosa y fascinante sobre los secretos de aquellos que alcanzan la notable edad de más de 100 años, conocidos particularmente como supercentenarios. A través de una conversación esclarecedora, se revelaron las claves genéticas y los hábitos de vida que contribuyen a una existencia extendida y significativa.
Es objeto de asombro científico la capacidad de algunas personas para sobrepasar la barrera de los 110 años de edad. Oancea puntualizó que la genética juega un rol determinante en este fenómeno. Existen genes específicos que fortalecen al organismo contra enfermedades prevalentes de la senectud, tales como los males cardiacos y cancerígenos. Esta predisposición genética es, sin duda, un factor capital en la ecuación de la longevidad.
No obstante, la genética es sólo una parte del enigma. La experta enfatizó la contribución indispensable de un modo de vida balanceado y armónico. La alimentación sana, el ejercicio constante y la evitación de prácticas perjudiciales, como el fumar, emergen como elementos clave que, en conjunto con una buena carga genética, allanan el camino hacia una vida más extensa. La observación de supercentenarios sugiere que llevar una vida activa y participativa esencialmente influye en su longevidad.
Uno de los aspectos más destacados en la conversación fue la actitud resiliente y optimista de los supercentenarios frente a la vida. Según Oancea, una gran proporción de estos individuos promueven un manejo efectivo del estrés y cultivan una perspectiva positiva que perdura a lo largo de sus años. Esta fortaleza emocional y mental posiblemente ejerce una influencia significativa en su bienestar integral y, por ende, en su extendido periodo de vida.
La charla ofreció una ventana a los misterios de la longeidad, proponiendo que la conjunción de factores genéticos, un estilo de vida saludable y una actitud mental constructiva son ingredientes fundamentales para alcanzar edades avanzadas. Los estudios en esta área continúan desentrañando las complejidades de la longevidad, buscando no solo entender cómo vivir más, sino cómo mejorar la calidad de esa extensa vida para todos. Este conocimiento plantea un horizonte prometedor para futuras investigaciones y aplicaciones prácticas en pro del bienestar de la sociedad en general.