En una revelación que ha sacudido a sus seguidores y remecido el ambiente de la comedia televisiva española, Ricardo Arroyo, el amado «Vicente Maroto» en la popular serie «La que se avecina», rompe el silencio después de tres años fuera del radar. Su ausencia, un misterio hasta ahora, fue producto de una batalla personal contra el estrés y la ansiedad, enfermedades que lo mantienen recluido en una clínica desde hace casi dos años. Esta situación, desconocida para muchos, sale a la luz en medio de una conversación telefónica en el programa «El tiempo justo», donde con voz sincera, Arroyo desgrana el difícil periodo que ha enfrentado.
La crisis de Arroyo tomó un cariz alarmante tras una visita a Urgencias, iniciando un círculo de internamientos que culminó en su actual tratamiento, con un coste mensual de 3.000 euros. «Me pudo el estrés», confesó. Y aunque su personaje en pantalla ha dado risas y carcajadas a millares, fuera de ella, Arroyo combatía una realidad muy distinta. Lejos de atribuir su situación al estrellato obtenido, el actor apunta a la incesante máquina de trabajo en la que se sumió. Jornadas interminables, falta de descanso y el constante aprendizaje de guiones, desplazaron su bienestar físico y emocional, así como su vida familiar a un plano inexistente.
La realidad tras el personaje que veíamos relajado con una cerveza en la mano es otra completamente: un hombre enfrentando síntomas físicos severos como mareos y caídas en público, señales de una salud descuidada. Cumpliendo más de una década de una rutina extenuante, Arroyo hace una observación honesta sobre el entorno laboral en la actuación: la sensación de abandono que siguió a su ausencia refleja una industria donde, lamentablemente, los lazos parecen ser tan efímeros como la fama.
Esta confesión, lejos de ser un adiós definitivo, puede muy bien marcar el comienzo de un nuevo capítulo para Arroyo. A pesar de la adversidad, se muestra abierto y esperanzado hacia la posibilidad de regresar al mundo del espectáculo, un indicio de que su pasión por la actuación sigue intacta. Este episodio en la vida de Arroyo abre nuevamente el debate sobre las condiciones laborales y emocionales en las que se encuentran quienes nos entretienen, poniendo de relieve la importancia del bienestar por sobre el éxito profesional.
Ricardo Arroyo, con su valiente testimonio, no solo revela su lucha personal y profesional, sino que también se erige como un ejemplo de resiliencia y esperanza. Su historia es un recordatorio crudo de que detrás de cada personaje hay un ser humano enfrentándose a sus propias batallas, recordándonos la importancia de la salud mental y el apoyo verdadero en cada aspecto de nuestra vida, incluido el profesional.








