El sector marisquero gallego se enfrenta a una crisis sin precedentes tras una prolongada temporada de lluvias torrenciales que ha impactado gravemente la producción de marisco en la región. Este otoño, las rías gallegas han vivido más de 30 días consecutivos de precipitaciones, lo cual ha desembocado en una notable reducción de la salinidad del agua, afectando de manera crítica al ecosistema marino, especialmente a los moluscos bivalvos como berberechos y almejas. Las cifras no dejan lugar a dudas: la producción ha menguado hasta un 80% en áreas clave, provocando alarmas económicas en A Coruña y Pontevedra.
En respuesta a la emergencia, la Xunta de Galicia ha solicitado al Gobierno central declarar las áreas afectadas como zonas catastróficas, propuesta que ha sido rechazada. La justificación para tal negativa radica en que las competencias en materia de gestión de esta crisis recaen sobre la propia comunidad autónoma, a menos que se trate de una emergencia de nivel 3. Desde el gobierno central, se ha criticado la gestión de la crisis por parte de la Xunta, argumentándose la falta de activación de un plan de protección civil en fase de emergencia.
La situación ha generado un intenso debate tanto en la esfera pública como en el Parlamento gallego, donde se ha puesto en evidencia la necesidad de adoptar medidas concretas para afrontar las consecuencias de esta crisis y proponer estrategias de mitigación a largo plazo, especialmente ante el pronóstico de eventos climáticos extremos más frecuentes debido al cambio climático. Entre las propuestas se encuentra el estudio de especies más resistentes a cambios en la salinidad, con el objetivo de preservar la viabilidad económica del sector.
La crisis se ha convertido en un tema de resonancia nacional, ilustrando los desafíos y la necesidad de una mayor coordinación entre las diferentes administraciones y el sector científico para salvaguardar uno de los recursos naturales y económicos más importantes de Galicia. La visión de toneladas de moluscos muertos en las playas es una imagen dramática que subraya la magnitud de la crisis y la urgencia de adoptar soluciones efectivas y sostenibles para el futuro del marisco gallego y las comunidades que dependen de él.