En Béjar, un pintoresco municipio de Salamanca con alrededor de 12,000 habitantes, los conflictos políticos han alcanzado niveles preocupantes, encarnando una profunda confrontación que podría considerarse un reflejo de la creciente crispación que predomina en el ámbito nacional. En el transcurso de esta semana, el alcalde Luis Francisco Martín, del Partido Popular (PP), se convirtió en víctima de un atentado cuando tres de las cuatro ruedas de su vehículo fueron dañadas intencionalmente.
Este hecho vandálico se suma a una serie de tensiones que han marcado la gestión del alcalde Martín desde que su partido asumió el control del consistorio en febrero de 2023, despojando a los socialistas de una posición que habían considerado segura. Desde entonces, la atmósfera en el municipio ha estado marcada por un creciente enfrentamiento entre los partidos políticos, una situación que ilustra de manera dolorosa la polarización reinante.
El alcalde ha denunciado que está siendo objeto de una campaña de «acoso y derribo», que no solo incluye los daños a su propiedad, sino también acoso laboral y psicológico, generando un clima de temor que se extiende a su círculo más cercano. A pesar de las dificultades, Martín destaca que durante sus recorridos por la localidad sigue recibiendo muestras de cariño de parte de los vecinos.
Por su parte, la oposición, encabezada por el portavoz socialista y exalcalde Antonio Cámara, ha condenando los actos violentos, aunque ha manifestado sus reservas sobre su conexión directa con la política local. Cámara puntualiza que incidentes similares han afectado a otros ciudadanos de la localidad, sin importar sus afiliaciones políticas. Sin embargo, describe un entorno de descontento mutuo, en el que ambos bandos intercambian acusaciones de desinformación y manipulación.
La situación política en Béjar refleja, además, una crisis de gobernabilidad, profundizada por la reciente deserción de dos concejales del PP, quienes han pasado a ser no adscritos, debilitando así la mayoría que el partido requiere para un gobierno estable. Este debilitamiento ha sido motivo de críticas que incluyen acusaciones de mala gestión y de injerencias en competencias municipales, lo que ha llevado a la creación de una Comisión de Investigación para esclarecer las controversias.
La política local se ha visto atrapada en un entramado complicado de acusaciones, bloqueo de propuestas y estrategias de confrontación, lo que está obstaculizando gravemente la gestión municipal y el avance hacia objetivos comunes, como la creación de un punto limpio financiado por la región.
El panorama actual en Béjar, donde los salarios de los concejales y del alcalde se han reducido drásticamente, es un claro recordatorio de los peligros que conlleva la polarización y el estancamiento político. La imagen del coche del alcalde, inutilizado y parado, simboliza la parálisis que sufre esta localidad salmantina, reflejando así una crisis más amplia en la convivencia y el diálogo político dentro del país.