En 1987, la televisión española se enfrentó a uno de sus mayores retos con la emisión de «Lorca, muerte de un poeta», una miniserie que, durante seis semanas, reveló con detalle y valentía la trágica historia detrás del asesinato de Federico García Lorca. Emitida entre el 28 de noviembre de ese año y el 1 de enero de 1988, la serie marcó un antes y un después en cómo se abordaba la memoria histórica en España, aún fresca en las heridas del franquismo.
Dirigida por Juan Antonio Bardem y basada en la meticulosa investigación del historiador Ian Gibson, la producción de seis episodios, de una hora de duración cada uno, no solo contó la vida de Lorca, sino que también señaló con nombres y apellidos a los responsables de su muerte. La serie, en una innovadora mezcla de documental y dramatización, usó fragmentos de noticiarios de la época para añadir autenticidad y dramatismo a la narrativa, contando con Nickolas Grace en el papel de Lorca, quien capturó la esencia del poeta con un notable parecido físico.
Los capítulos recorrieron la vida de Lorca desde su infancia hasta su regreso a Granada en 1936, mostrando su evolución como dramaturgo y poeta y su amistad con figuras como Salvador Dalí. Una notable producción europea, que contó con participación francesa e italiana, permitió una rica recreación de los entornos en los que Lorca vivió y trabajó, gracias a un generoso presupuesto que apoyó la ambición del proyecto.
La serie no solo trajo al presente la faceta ideológica y la homosexualidad de Lorca, temas hasta entonces poco tratados, sino que también se convirtió en un espacio de debate sobre la interpretación política de su muerte. A pesar de las críticas de sectores conservadores, que consideraban la miniserie como una politización excesiva, «Lorca, muerte de un poeta» fue defendida por TVE como un ejercicio necesario de revisión histórica, apoyada en parte por la colaboración de la familia Lorca.
El trabajo de Bardem se consolidó como un hito en la televisión española, abriendo camino a futuras producciones que abordarían figuras culturales asesinadas durante la Guerra Civil. Casi cuatro décadas después, la serie no solo continúa siendo un referente de estudio en centros académicos, sino que también es un documento de consulta frecuente en el archivo de RTVE, generando miles de visualizaciones.
La serie «Lorca, muerte de un poeta» demostró la capacidad de la televisión pública española para contar historias críticas y necesarias, aún a riesgo de reabrir viejas heridas. En tiempos donde el debate sobre la memoria democrática sigue vigente, la miniserie se mantiene como un poderoso recordatorio de una época en que la cultura y el talento fueron perseguidos con una brutalidad que hoy resulta incomprensible.








