Irán ha dado un giro significativo en su estrategia militar al aumentar su presencia en una de las rutas marítimas más críticas del mundo: el estrecho de Ormuz. Este afluente, por el cual transita alrededor del 20 % del petróleo global, ha sido escenario de tensiones geopolíticas históricas, y las acciones recientes de Teherán agravan aún más la situación.
La República Islámica ha desplegado armamento avanzado en las islas Gran Tunb, Pequeña Tunb y Abu Musa, incluyendo sistemas de misiles con un alcance de hasta 600 kilómetros. Este movimiento no solo busca reforzar la defensa de Irán, sino que también envía un claro mensaje a sus adversarios en la región y más allá. En un contexto de creciente desconfianza en Oriente Medio, la militarización de estas islas puede ser interpretada como un acto de presión, destacando la determinación de Teherán de consolidar su influencia en el área.
El Golfo Pérsico ha sido un punto focal de disputas por su relevante valor estratégico, y la reciente acumulación de armamento por parte de Irán intensifica los riesgos de confrontaciones en un entorno ya cargado de rivalidades. Diversas potencias han reaccionado ante este desarrollo, expresando su preocupación sobre una posible escalada que podría desestabilizar aún más la región. Aunque Irán califica su despliegue como “estrictamente defensivo”, la comunidad internacional mantiene un escepticismo generalizado, considerando que el movimiento puede ser visto como una táctica de disuasión y chantaje en una época de alta volatilidad económica y energética.
Las islas Gran Tunb, Pequeña Tunb y Abu Musa, cuya soberanía es disputada por los Emiratos Árabes Unidos, han sido fuente de tensión durante muchos años. Sin embargo, la actual acumulación de recursos militares de Irán representa un cambio notable en su política exterior, evidenciando su intención de reforzar sus posiciones estratégicas en el golfo.
Este nuevo panorama presenta un reto no solo para la diplomacia regional, sino que también puede impactar la estabilidad de los mercados internacionales. Cualquier altercado en el Estrecho de Ormuz podría tener repercusiones inmediatas en el transporte marítimo y en el precio del crudo, lo cual despierta inquietud en las principales economías del mundo. En este escenario, varios actores internacionales están instando a la moderación mientras analistas se preparan para un potencial aumento de las tensiones en el futuro.