En una reciente e ilustradora entrevista, el reconocido periodista Jordi Évole sentó frente a él a Iñaki Urdangarin, figura controversial y exmiembro de la familia real española, para discutir no solo las revelaciones contenidas en sus recientes memorias sino también para lanzar luz sobre la vida diaria dentro del hermético Palacio de la Zarzuela. Este encuentro entre Évole y Urdangarin ofrece una rareza periodística donde el interrogatorio trasciende la superficie de lo que es conocido por el público para adentrarse en el verdadero tejido de la vida real.
Durante años, Urdangarin compartió momentos íntimos con los reyes eméritos de España y el actual rey, proporcionándole una perspectiva única sobre el dia a dia en uno de los hogares más escudriñados del país. A pesar de la importancia y el poder asociado con la familia real, Urdangarin revela una faceta sorprendentemente común y accesible de su vida en el palacio, algo que pica la curiosidad de Évole y su audiencia.
Las preguntas de Évole, aunque pudiesen parecer simples a primera vista, tales como inquirir sobre el tamaño de la mesa del comedor o si el rey posee un trono especial para sus comidas, desembocan en respuestas que desmitifican la imagen opulenta que muchas veces se asocia con la vida palaciega. Con una sonrisa y un sentido de asombro, Urdangarin disipa la idea de un palacio lleno de formalidades extremas: las sillas son normales, y el rey, efectivamente, no dispone de un trono en el comedor.
Más allá de los aspectos físicos del palacio, una pregunta sobre la cotidianidad, como quién compra los churros para el desayuno, revela el grado en el que incluso las figuras más icónicas están insertas en una rutina preestablecida, desterrando el mito de una realeza distante de los placeres más simples de la vida.
La entrevista no solo demuestra la habilidad de Évole para navegar por los detalles menos conocidos de la vida de la realeza, sino que también muestra cómo Urdangarin, al responder con humor y honestidad, contribuye a humanizar la percepción de la familia real. La conversación, llena de momentos de asombro y diversión, culmina con una risa compartida y el reconocimiento de que, detrás de las paredes del palacio, existen vidas llenas de normalidad, lejos de la rigidez y la formalidad que a menudo se les presupone.








