En un giro sorprendente de los eventos, Arantxa Sánchez Vicario, alguna vez coronada como reina indiscutible de las pistas de tenis y celebrada por sus victorias en Grand Slam, se enfrenta hoy a un escenario muy distinto: una condena de dos años de prisión por fraude fiscal. La ex número uno mundial, que durante su carrera deportiva acumuló unos ingresos cercanos a los 45 millones de euros, ahora reside en un piso de alquiler en Miami, destinando la mitad de lo que gana a saldar una deuda que excede los 6,6 millones de euros con el Banco de Luxemburgo.
La precipitada caída financiera de Sánchez Vicario comenzó a cimentarse tras unas disputas familiares que sacudieron los pilares de su vida personal y profesional. La deportista acusó a sus padres de una gestión negligente de su fortuna, argumentando que estos manejaron sus ingresos y ahorros sin la debida transparencia. Contrario a sus alegaciones, investigaciones judiciales posteriores descubrieron que la extenista tenía pleno control de su patrimonio, y bajo la influencia de su entonces esposo, Josep Santacana, se embarcó en un esquema para ocultar sus activos y evadir responsabilidades financieras.
Arantxa Sánchez Vicario, cuyo nombre resonaba en los anales del tenis por sus títulos en Grand Slam y su posicionamiento como número uno en 1995, vio cómo su prestigiosa reputación se desvanecía al ser condenada en 2007 por el Tribunal Supremo español a pagar 3,4 millones de euros por evasión fiscal. En un intento por liquidar esta deuda, adquirió un préstamo del Banco de Luxemburgo que superaba los cinco millones de euros, una deuda que ha seguido esquivando sistemáticamente.
El papel de Josep Santacana, quien fuera su esposo y señalado como el artífice detrás de la despatrimonialización, fue central en la trama que llevó a Sánchez Vicario ante la justicia. Según el tribunal, Santacana manipuló el patrimonio de la tenista, vaciando cuentas bancarias y vendiendo propiedades sin contribuir un céntimo al pago de la deuda. La exdeportista, por su parte, admitió firmar documentos en blanco confiando ciegamente en Santacana, aunque la jueza destacó que estaba al tanto de las maniobras para eludir sus obligaciones fiscales.
Inicialmente, Sánchez Vicario dirigió sus acusaciones hacia sus padres, alegando haber sido víctima de su gestión. Sin embargo, con el desarrollo del juicio por fraude fiscal, cambió su narrativa, apuntando a Santacana como el verdadero culpable. Pese a sus lágrimas y declaraciones de intención de pagar la deuda, el tribunal no se convenció totalmente de su inocencia, argumentando que disfrutó de los beneficios del patrimonio oculto sabiendo su procedencia.
Hoy en día, Sánchez Vicario hace frente a un futuro incierto. Con la mitad de sus ingresos embargados y viviendo de alquiler en Miami, trabaja arduamente para pagar los más de 1,9 millones de euros ya abonados al Banco de Luxemburgo. Su historia, de ascenso inigualable en el mundo del deporte a enfrentar penalidades legales y financieras, muestra cuán rápido puede cambiar la vida, marcando un precedente de cautela en la gestión de fortunas y la importancia de la honestidad fiscal.








