El creciente interés por las criptomonedas ha llevado a explosivas ganancias en el mercado, con el bitcoin alcanzando niveles históricos al sobrepasar los 103.000 dólares y un incremento cercano al 150 % a lo largo del año. Esta tendencia alcista no solo ha beneficiado a los inversores, quienes han visto multiplicadas sus inversiones, sino que también ha llamado la atención de las autoridades fiscales, que están intensificando su vigilancia sobre los criptoactivos.
Con el cierre del ejercicio fiscal a la vista, los asesores fiscales recomiendan a los inversores una planificación detallada para minimizar sanciones y optimizar la carga tributaria. En este contexto, es esencial conocer las obligaciones fiscales que acompañan a la inversión en criptomonedas. De acuerdo con la normativa vigente, los contribuyentes deben presentar sus operaciones utilizando los modelos informativos 172 y 173, los cuales recopilan datos sobre saldos y transacciones. A partir de 2025, también será obligatorio declarar las criptomonedas mantenidas en exchanges extranjeros si su valor supera los 50.000 euros a fin de año.
Cada transacción —ya sea la compra, el intercambio, el staking o el airdrop— genera ganancias patrimoniales que deben ser incluidas en la declaración de la renta. Estas ganancias, que se integran en la base imponible del ahorro, están sujetas a tipos impositivos que oscilan entre el 19 % y el 28 %, dependiendo del nivel de ingresos. Sin embargo, se anticipa que a partir de 2025, los tipos impositivos aumentarán hasta el 30 % para las ganancias que superen los 300.000 euros. Ante esta inminente subida, muchos expertos sugieren que podría ser ventajoso liquidar criptoactivos antes de que termine 2024 para tributar bajo el régimen actual.
Además de anticipar operaciones, la compensación de ganancias y pérdidas es otra táctica que se puede utilizar para reducir el impacto fiscal. Los inversores tienen la posibilidad de aplicar pérdidas de años anteriores, así como las generadas en el presente ejercicio, para contrarrestar ganancias. En un entorno en el que no todas las criptomonedas han escalado hasta máximos históricos, vender activos con pérdidas antes del cierre del año puede ser una estrategia astuta para mitigar la carga tributaria.
También es importante tener en cuenta que la normativa fiscal exige calcular las plusvalías siguiendo el criterio FIFO (First In, First Out), que considera que las criptomonedas adquiridas primero son las que se venden primero. Este método de cálculo puede influir de manera considerable en la base imponible de quienes han mantenido sus inversiones durante períodos largos.
La documentación y la transparencia son fundamentales. Los inversores deben asegurarse de recopilar y conservar registros de todas sus transacciones, incluyendo extractos de cuentas y capturas de pantalla, para facilitar el cumplimiento de las obligaciones fiscales y respaldar su posición en caso de auditorías.
Con el endurecimiento de las regulaciones fiscales y el aumento de los tipos impositivos en el horizonte, se está convirtiendo en un imperativo prioritario para los inversores en criptomonedas planificar sus operaciones con anticipación. La integración de los exchanges en el sistema fiscal significa que Hacienda tiene acceso a gran parte de la información financiera relacionada con criptomonedas. Por lo tanto, una adecuada gestión fiscal no solo ayuda a evadir sanciones, sino que también permite maximizar el rendimiento de las inversiones. En un clima de rentabilidades sin precedentes, cumplir con las obligaciones tributarias se vuelve crucial para cerrar el año sin complicaciones.