En un giro inesperado en la última entrega de GH Dúo 3, lo que se esperaba fuera una jornada de celebración para los seis finalistas se tornó en una serie de eventos que han despertado controversia y descontento entre la audiencia y los seguidores del reality show. Con los concursantes alcanzando el escalón final en la competencia, la atmósfera se cargó de tensión debido a incidentes que han hecho cuestionar la imparcialidad y la gestión del programa.
La producción, a cargo de Zeppelin TV, buscaba enmendar un error técnico que había expuesto prematuramente el nombre de una de las finalistas, Maica. En un intento por rectificar, se ideó una dinámica que, lejos de solucionar el problema inicial, desencadenó malos entendidos y malestar, particularmente hacia Óscar Landa, uno de los finalistas. Los concursantes fueron inducidos, sin estar ellos al tanto de la totalidad del contexto, a debatir sobre la conveniencia de que Maica hubiera llegado hasta la finalización del concurso, mientras ella observaba desde el confesionario, interpretando las críticas como auténticas.
El conflicto escaló cuando Maica confrontó a sus compañeros, y Óscar se convirtió en el blanco de acusaciones por traición y falsedad, luego de ser visto por ella criticándola sin saber que era observado. La confusión se acentuó al momento de conectar a los finalistas con sus seres queridos. Mientras que la mayoría tuvo encuentros emotivos a través de videollamadas, Óscar fue el único a quien se le negó esta oportunidad, recibiendo noticias de sus allegados solo por un mensaje de video. Este hecho ha sido percibido como un trato desigual, especialmente considerando la estancia prolongada de Óscar en el programa, superando los 160 días con solo un breve descanso.
Esta situación ha provocado un aluvión de críticas hacia la organización de GH Dúo 3, con espectadores y seguidores expresando su descontento en redes sociales, argumentan que todos los finalistas deberían recibir el mismo trato y oportunidades, en reconocimiento a su esfuerzo y dedicación a lo largo del concurso. Este incidente ha sacado a la luz la complejidad de las dinámicas emocionales en los reality shows y la necesidad de mantener una ética de producción que asegure la igualdad y transparencia hacia todos los participantes.